Para el Tantra el cuerpo es la manifestación física de la energía de la Madre cósmica, sobre todo el cuerpo de la mujer.  Su forma física contemplada de manera conciente es un portal de meditación, una oportunidad de conectar con ese gozo superior, de sentir lo sagrado. Eso sagrado no se refiere a que el cuerpo evoca algo religioso institucional, sino que es como cuando miramos una puesta de sol, o nos maravillamos ante un paisaje sublime, lo sagrado adviene naturalmente al ver la grandeza de la naturaleza; así le pasa al tántrico cuando contempla el cuerpo de la Shakti.

Veamos este texo tomado del libro Yoga y Sexo, de Omar Garrison:

“Contemplándola ahora como una encarnación de la Devi de Zafiro, el sadhaka la mira con admiración y respeto, como quien reflexiona sobre los misterios de la creación y el insondable secreto del ser; pues ella es “extremadamente sutil, la que despierta el conocimiento puro, la corporización de toda bienaventuranza”.

También la contempla el sadhaka como la “inmaculada morada del tesoro de la belleza, el protoplasma brillante, la engendradora de todo lo que es, que inescrutablemente se transforma, muere y vuelve a nacer”. Leemos en el Lalita Vistara que ella es aquella “cuya delgada cintura, doblada bajo el peso de la fruta madura de sus senos, se hincha en enjoyadas caderas, cargada con la promesa de infinitas maternidades”.  A menos que el sadhaka pueda imaginar de esta manera a la shakti, se le aconseja no proseguir con el sadhana; pues de acuerdo con casi toda la opinión tántrica, si no la considera en esa forma el maithuna que sigue es una acción carnal y secular, en nada distinta del intercambio sexual común. “

La forma de la Shakti ha sido representada en estas esculturas antiguas resaltando la redondez de su cuerpo, eso es porque aún en la forma el tántrico encuentra la puerta al infinito.

¿Cómo sabe el discípulo tántrico que al contemplar a la Shakt desnuda está realmente meditando y no auto-engañándose? Aquí va la clave: su energía sexual comienza a funcionar diferente al hombre común, se dispara hacia el sacro y comienza ascender hacia dentro y hacia arriba, generando un fuego que circula por la columna vertebral hasta la cabeza.

También ocurre esto cuando el iniciado tántrico se encuentra con una mujer Shakti, o mujer Kali o mujer iniciado en los misterios del amor, la columna vertebral de ambos se pueden reconocer y si llega a haber afinidad en otros planos puede marcar el inicio de un crecimiento en común.

De manera que la meditación contemplando el cuerpo de Shakti es difícil para la mente mundana, pero natural para el tántrico.

Daniel Curbelo

Categorías: Meditación tántrica

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