“En estados de deseo extremo, permanece sin alterarte.”

. ¿Que puedes hacer? Esta técnica no aboga por la represión. Esta técnica no dice que cuando haya ira la reprimas y permanezcas sin alterarte, ino! Si reprimes, crearás más perturbación. Si hay ira y hay un esfuerzo para reprimir, duplicará la perturbación. Cuando haya ira, cierra tus puertas, medita sobre la ira, deja que esté la ira. Tú permaneces sin alterarte, pero no la reprimes.

La expresión y la represión son fáciles; observar es difícil. La observación no es ninguna de las dos cosas: no es reprimir, no es expresar. No es expresar porque no la estás dirigiendo al objeto de la ira. Tampoco está siendo reprimida. Estás permitiendo que se exprese: que se exprese en un vacío. Estás meditando sobre ella.

Ponte ante un espejo y expresa tu ira: y presénciala. Estás solo, así que puedes meditar sobre ella. Haz lo que tengas que hacer, pero en un espacio vacío. Si quieres pegar a alguien, pega al cielo vacío. Si quieres estar enfadado, enfádate; si quie¬res gritar, grita. Pero hazlo solo, y recuérdate a ti mismo como un punto que está viendo todo esto, este drama, esta representación. Entonces se vuelve un psicodrama, y puedes reírte de ello y será una catarsis profunda para ti. Después te sentirás liberado de ello… Y no sólo liberado de ello: habrás ganado algo mediante ello. Habrás madura¬do; te habrá sucedido un crecimiento. Y ahora sabrás que, incluso mientras estabas enfadado, había un punto dentro de ti que no estaba alterado. Ahora intenta dejar cada vez más al descubierto este centro, y es fácil dejarlo al descubierto en medio del deseo.
Esa es la razón por la que el tantra no está en contra del deseo.

Dice que estés en medio del deseo, pero recuerda el centro que no está alterado. De modo que el tantra dice que incluso el sexo puede usarse. Entra en el sexo, pero permanece sin alterarte. Sé un testigo. Sigue siendo un observador profundo. Independientemente de lo que esté sucediendo, está sucediendo en la periferia; tú eres tan sólo un observador, un espectador.

Osho, El libro de los secretos


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