La magia como arte de manejar las energías tiene uno de sus máximos exponentes en la llamada «magia sexual». En dicha práctica está la conciencia de una sexualidad integrada a lo sagrado. Algunos autores sostienen que en la antigüedad un sacerdote y una sacerdotisa lo practicaban en los templos de diversas culturas en lo que se ha dado en llamar la «hierogamia». Ambos partícipes en realidad logran representar las fuerzas masculinas y femeninas del universo, no es algo simbólico, sino que es un fractal de lo que ocurre en la naturaleza.Esto aún se sigue haciendo y para poder ser parte de esa vivencia se necesita un estado de conciencia diferente al que nuestra sociedad nos ofrece en cuanto a la visión del sexo. Percibirse más allá de la personalidad humana implica haber descubierto dentro de sí esa chispa divina que nos anima, más allá de la razón y del «yo social» en el que vivimos.

Entonces los practicantes ya no son dos personas humanas solamente, dos cuerpos, sino la divinidad misma acoplándose armoniosamente. Para esto es necesario ver al otro como ese portal hacia una infinitud que no deja de estar dentro de uno mismo, es un redescubrirse en el otro, entonces el amado y la amada se encuentran.

Pero puede pensarse que esto implica la aplicación de técnicas, mantras, invocaciones y demás. No vamos a decir que no existan, sino que lo más importante en realidad es abrir el corazón para ir más allá de la mente a un éxtasis fundamentado en la vulnerabilidad y la entrega. El trance místico sexual ocurre cuando la devoción y la apertura son óptimas. Dicen los iniciados que ahí se revela el nombre de D´s, ese nombre oculto que solo ellos conocen.

También existen magias amorosas que no implican el contacto sexual y que resultan difíciles de aplicar en una sociedad como la nuestra que tiene el espectro de vínculos e intensidades emocionales demasiado reducido. Puede haber magia amorosa en relaciones que no son de pareja y que pueden ser tan intensas como las de la magia sexual misma, estas constituyen los secretos de las magias del amor que implican la fusión con el Ser espiritual a través de la unión yin-yang no sexual. Pero volvemos siempre al mismo punto, hay que abrir el corazón y quedar vulnerables, solo así llega el éxtasis y la comunión con la existencia.

Daniel Curbelo

Categorías: Enseñanzas

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