En las culturas chamánicas se adora a la Luna y el Sol como representantes de la fuerza femenina y masculina respectivamente. En el Tantra no podría ser de otra manera, existiendo innumerables diosas en oriente que personifican el eterno femenino y muchos dioses que personifican el eterno masculino, todas especificaciones de la fuerza de nuestro real ser, además de seres de luz o tinieblas según sea el caso.

Tomando la Luna como símbolo de Devi (la diosa) el Tantra oriental toma las fases brillantes del astro y las fases oscuras. Cuando la luna está llena ella es Devi Tripura (significa tres ciudades), siendo una diosa triple como en la mayoría de las mitologías, veamos:

Bala: Representa la muchacha joven.

Tripura: La mujer fecunda.

Tripura Bhairavi: Mujer mayor.

Estos tres aspectos de la diosa están también representadas en cualquier cultura primitiva que venera al eterno femenino.

La naturaleza de lo femenino está representada por el vacío que todo lo contiene. El movimiento dentro de ese espacio está definido por la actividad de la Dakini, cuya significación es “mujer que danza en el espacio”. La esencia de lo femenino es lo vacío, donde no hay conflicto, sino suprema paz y serenidad.

Es la contemplación sin concepto, sin nombre, es la meditación y la percepción de la totalidad donde está el éxtasis, donde somos el éxtasis y no hay diferencia entre nosotros y la diosa, Shakty.

Shakti es la energía celestial que permite al hombre entrar en contacto con la divinidad y esa energía celestial está corporizada en la mujer.

Como Madre socorre y como Virgen atrae, como Madre es la Gracia y como Virgen nos eleva hacia el cielo, nos da el Nacimiento Segundo.

La Madre representa también la que teje el telar de D’s, que es toda la naturaleza, la fuerza que permite que todo el universo se mantenga conectado, esa fuerza es el amor.

La Shakti como poder liberador, como potencia de liberación, se llama Kundalini (serpentina o la enroscada). La Kundalini nos confiere la divinización y la identificación con la Madre del mundo.

La separatividad tiene que ver con la Shakti en tanto es un “alejamiento” de la fuente, el ser. Esto da lugar a la Shakti terrible, Kali, la “negra”. De acá vemos que de Eva, la primera mujer el ser humano se separa del paraíso, la beatitud, hasta llegar a María, que es la que le permite ascender al Pleroma, la Luz inefable.

Vemos algo interesante, existe la Shakti mediadora, la MahaShakti, la Gran Madre que derrama la Gracia sobre el ser  humano  para elevarlo, los mismo que Isis entre los Egipcios o María entre los cristianos.

La Gracia de la Madre desciende sobre el hombre en el orgasmo ascendente de la mujer sagrada, que es un regalo de la Divina Madre sobre el humano que se ha apartado de la unidad. Por un momento ese humano logra sentir esa totalidad, en tanto es “absorbido en la intensa energía de la mujer” (Vijnana Bhairava Tantra).

De aquí que la belleza y lo estético están muy presentes en el Tantra, ya que son puertas hacia la divina apreciación de lo supremo. El goce de los sentidos, el tacto, gusto, olfato, oído y vista pueden remontarnos hacia el goce del ser.

Para que esto ocurra el hombre debe actuar desde lo perfecto en sí mismo, descubrir lo Absoluto en uno mismo y tender a lo permanente, entonces el goce sensorial se remonta al goce del ser. Para ello es necesario actuar desde el centro del corazón, el espacio del ser.

«¡Oh Madre! ¡Que podamos ser aliviados de todos nuestros pesares por tus senos, de los cuales siempre brota leche y que succionan a la vez Skanda y Ganesha, tus hijos!».

Shankaracharya

En el Budismo la diosa Tara es la Madre de todos los Budas, la Salvadora y por tanto Shakti. Lo mismo María se la calificó de “Señora del perpetuo Socorro”, “Madre de D’s”, y se la considera abogada ante el Eterno, en cierto sentido co-salvadora con Cristo.

En el Islam encontramos una sacralización de la unión marital, lo que lo acerca claramente al Tantra. Conocer a la mujer –Ibn Arabi insiste en ello– es conocerse a sí mismo; y «quien conoce su alma conoce a su Señor». Esto es claramente tántrico en tanto el mismo Tantra afirma que cuando uno se une a su Shakti lo hace con la Shakti universal, por lo tanto con Shiva, el señor inseparable de su pareja.

Lo femenino implica un poder disolvente y muchas escuelas afirman la íntima relación entre la disolución del yo y la potencia de la Madre Divina, siendo ella la que disuelve.

Cuando el hombre ama a la mujer está amando a D’s, grave error es diferenciar ambos amores, pues entonces estamos parados nuevamente en la separatividad.

El destino del hombre es hacer realidad lo que es en su naturaleza interna, eso no lo puede elegir, porque ya lo es, el tema es manifestarlo para que se plasme en este mundo, o sea que D’s se conozca a sí mismo de otra manera, a través del hombre.

«Dios, esencialmente luminoso, teniendo como naturaleza la libre Consciencia, esconde a modo de juego su propio Si-mismo y se vuelve un ser individual bajo formas múltiples. Libremente, se esclaviza a si mismo con actos hechos de pensamiento dualizante y de construcciones mentales. Pero es tan potente la libertad de Dios que, como se ha dicho, es igualmente El quién, ligado a la forma limitada (que El asume), toca de nuevo su propia esencia y la revela en toda su pureza» (13. 103-105)

Tantraloka

 

Daniel Curbelo

Categorías: Enseñanzas

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